LA GRAVEDAD LOCAL

Muestra en la galería 80M2/Livia Benavides


El mapa es un garabato. Cada época es un relato distinto escrito en el suelo y su uso nos habla de nuestra manera de construir lo colectivo. Oleadas de desobediencias se forman en el horizonte urbanizado de una manera orgánica e inevitable. Lógica y ley son ilusiones que surgen debajo de una fuerza mayor. La única regla parece ser la necesidad de pasar por encima de las reglas. Está claro que en esta dimensión el Estado no existe; es un padre ebrio e inmaduro que aparece cuando nadie lo ha llamado, mucho menos las reglas del mercado, estas ni siquiera son de la familia.



Mesa de negociaciones
madera, pintura, brea y arena
400 x 80 cm







Cuña de asfalto. 
brea y arena gruesa sobre baldosa hodráulica
8x5 mts aprox








La gravedad Local
tejas sobre parquet
medidas variables















Castillo prefabricado. 
Banner
320 x 120 cm








Memorial de Poncho Negro, que nadie sabe si sigue vivo.
Afiches sobre muro.
medidas variables



Abajo. Detalle. Poncho negro en su lecho al ser capturado




Suelo Vertical
3x3 mts
lona y arcilla







El título de la exposición es un juego con la palabra [gravedad]. Por un lado alude a las cosas difíciles que nos suceden, y al mismo tiempo a la fuerza que nos empuja hacia abajo, hacia la tierra. Trata principalmente sobre el territorio, su valor y su uso y sobre un reclamo histórico que se ve atravesado por utopías y por mesías.
Las utopías urbanas son aquellas que ofrecen un futuro mejor en un nuevo lugar. Los asentamientos humanos son utopías. Una utopía es un lugar ideal y los mesías quienes que te lo ofrecen, desde aquellos que lo hacen desinteresadamente, como Ernesto Sánchez Silva, Poncho Negro; hasta los traficantes actuales de tierras.
Más que la vivienda, es el uso del territorio, del suelo lo que nos da claves de nuestra conducta. Sintetiza la mayor parte de los problemas de nuestra sociedad. Vivimos en una tierra permanentemente apropiada desde el uso social que tuvo en el Incanato (con toda la complejidad que eso significa) y es justamente ahí de donde se pueden extraer las más sugestivas conclusiones sobre el poscolonialismo y la manera en que vivimos.
La vivienda como objeto aporta una información extra al territorio. Nos habla de los mínimos detalles que componen nuestras diferencias y de la fragilidad de aquel límite impuesto entre lo privado y lo público. Esto pasa mucho más en las viviendas informales que aquellas de la modernidad y del nuevo crecimiento en las que el mercado determina las reglas de comportamiento de las personas.
Las invasiones, por ejemplo, son un reclamo casi divino; una manera de recuperar la tierra que por derecho les pertenece a los desfavorecidos y ese modo de leerla es la que nos permite entender toda la energía que transforma el territorio. Hay un sistema, un mecanismo orgánico que ajusta las diferencias, las distancias y las injusticias a través de lo informal e ilegal.
En esta muestra las piezas se articulan en todo el espacio generando una sede que es a su vez una pieza; un falso templo. El uso crítico del espacio ha sido una herramienta habitual en mi trabajo, mediante el cual tomo consciencia del suelo específico que ocupo y de la arquitectura que le ha sido impuesta y este caso no ha sido la excepción.